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En el pasado decenio
progresaron lentamente los esfuerzos desplegados para proporcionar
«mejor agua de bebida» (lo que a veces significa tan solo una fuente o
un pozo protegido a media hora de camino) a los 1100 millones de
personas que se calcula que no tienen acceso a ella. También han sido
lentos los progresos en materia de saneamiento, y alrededor de 2400
millones de personas siguen sin tener acceso siquiera a letrinas en
condiciones higiénicas.
«Se exigirá a los países que "respeten, protejan y
atiendan" el derecho de las personas a disponer de agua potable y
saneamiento. Se trata de un importante impulso a los esfuerzos que se
despliegan para alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio de que
para 2015 se haya reducido a la mitad el número de personas sin acceso a
agua y saneamiento, dos requisitos indispensables para la salud», señaló
la Directora General de la OMS, Dra. Gro Harlem Brundtland.
En la observación general se declara que en virtud
del derecho humano a disponer de agua, todas las personas deben tener
agua suficiente, asequible, accesible, segura y aceptable para usos
personales y domésticos. Se exige que los países adopten estrategias y
planes de acción nacionales que les permitan «aproximarse de forma
rápida y eficaz a la realización total del derecho a tener agua». Esas
estrategias deben basarse en la legislación y los principios relativos a
los derechos humanos, tienen que abarcar todos los aspectos del derecho
al agua y las correspondientes obligaciones de los países, definir
objetivos claros, fijar objetivos o metas que habrá que alcanzar y el
plazo para su logro, y formular políticas adecuadas y los indicadores
correspondientes.
La importancia de la observación general radica
asimismo en que proporciona a la sociedad civil un instrumento que
responsabiliza a los gobiernos de la garantía del acceso equitativo al
agua. También proporciona un marco para prestar ayuda a los gobiernos en
la formulación de políticas y estrategias eficaces que produzcan
beneficios reales para la salud y la sociedad. Un aspecto importante de
su valor es que sitúa en primer plano a las personas más perjudicadas,
en particular los pobres y los vulnerables, y centra en ellos las
actividades.
El agua y el saneamiento inadecuados son causas
principales de enfermedades tales como el paludismo, el cólera, la
disentería, la esquistosomiasis, la hepatitis infecciosa y la diarrea,
que están asociadas a 3400 millones de defunciones cada año. El agua y
el saneamiento inadecuados son también una causa principal de la pobreza
y de las diferencias cada vez mayores entre ricos y pobres.
En reconocimiento de la importancia de los
determinantes ambientales de la salud, la Organización Mundial de la
Salud ha lanzado recientemente la iniciativa Ambientes Saludables para
los Niños. La OMS está reuniendo una alianza de órganos públicos y
privados, junto con organizaciones no gubernamentales, en apoyo de las
actividades de base comunitaria que se llevan a cabo para hacer frente a
los principales factores de riesgo ambientales que amenazan a los niños.
«Se calcula que casi un tercio de la carga mundial de
morbilidad (para todas las edades) puede atribuirse a los factores de
riesgo ambientales. Más del 40% de esa carga recae en los niños menores
de cinco años de edad, que, sin embargo, sólo constituyen alrededor del
10% de la población del mundo. Por consiguiente, este aspecto es una
prioridad urgente para la labor de la OMS. El hecho de que el agua se
considere ahora un derecho humano básico proporcionará a los miembros de
la Alianza un instrumento eficaz para lograr que se produzca un cambio
real a nivel de país», agregó la Dra. Brundtland.
La observación general estipula asimismo que el agua,
como la salud, es un elemento esencial para lograr la realización de
otros derechos humanos, especialmente los derechos de recibir alimentos
y nutrición, vivienda y educación adecuados.
Para más información, póngase en contacto con:
Gregory Hartl - Asesor de comunicación Desarrollo Sostenible y Ambientes
Saludables
OMS, Ginebra
Teléfono: (+41 22) 791 4458
Teléfono móvil: (+41 22) 79 203 6715
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Fuente: Organización Mundial de la Salud
Noviembre 2002
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