"Es otro río muerto, otra cloaca a cielo abierto llena
de basura, efluentes cloacales y residuos industriales", concluyó el
Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, al presentar el Informe
Especial Cuenca del Río Reconquista realizado por expertos de tres
universidades estatales, una privada y entidades ambientalistas.
El río Reconquista nace unos 60 kilómetros al oeste de
Buenos Aires y sus aguas recorren 82 kilómetros hasta unirse con las del río
Luján en el Delta del Paraná, que une a este curso de agua con el Río de la
Plata. Atraviesa 18 municipios del amplio cordón que rodea la capital del
país y afecta a más de cuatro millones de personas.
Según la investigación iniciada a instancias de una
denuncia de vecinos, 40 por ciento de los habitantes de esa cuenca no
cuentan con agua potable y 60 por ciento no accede a la red de cloacas.
Pero esos indicadores esconden situaciones
extremadamente críticas. En Malvinas Argentinas, con 280.000 pobladores, 91
por ciento no accede al agua de red y 96 por ciento carece de saneamiento.
En las márgenes del Reconquista hay radicadas unas
12.000 industrias que vuelcan sus efluentes sin tratarlos, un número de
firmas casi cuatro veces superior a las que contaminan el Riachuelo, el río
que después de recorrer varios kilómetros con el nombre de Matanza dentro de
la oriental provincia de Buenos Aires bordea el sur de la capital argentina
para desembocar en el Río de la Plata.
La Defensoría del Pueblo había realizado en 2001 un
informe sobre el Riachuelo, que nace al oeste de la ciudad de Buenos Aires y
dibuja el límite sur que la separa de la provincia lindante. En esa
oportunidad, el organismo reveló el "estado alarmante" de la cuenca y los
riesgos sanitarios para los 3,5 millones de pobladores de sus orillas.
Ese estudio fue confirmado cuatro años después por
una investigación de la Auditoría General de la Nación. En base a esos
elementos, la Corte Suprema de Justicia, en una causa presentada por
afectados por la contaminación de la cuenca, adoptó una resolución inédita
que se busca repetir con el río Reconquista.
El máximo tribunal ordenó al Estado nacional, al
provincial y a los municipios involucrados, a las empresas y a los
organismos de la sociedad civil que se presenten a una serie de audiencias
públicas ante la Corte para explicar cuáles son los planes que se
comprometen para terminar con la polución en ese curso de agua.
La medida del alto tribunal obligó al gobierno
argentino de Néstor Kirchner y al parlamento a apurar un proyecto para crear
una Autoridad de Cuenca, con representación de las distintas jurisdicciones
políticas involucradas, además de que se unificó la regulación en materia de
efluentes industriales y domésticos y se comenzó un plan de obras para
proveer de agua potable a la zona.
Ahora, a partir de la denuncia de organizaciones
ambientalistas y del estudio realizado por la Defensoría, los vecinos
esperan llegar a la Corte Suprema de Justicia con su reclamo. "El informe es
muy consistente y nos da un peso científico muy fuerte para presentarnos
ante la justicia", dijo a IPS Martín Nunziata de la Agrupación Pro Delta
(Aprodelta).
"La situación aquí planteada es un calco de la que
vemos en el Riachuelo y las aguas van al mismo estuario del río de la
Plata", remarcó Nunziata, quien además es vecino del Delta del Paraná. Su
entidad considera que se debe contar con un plan de saneamiento que a su vez
tenga control de las entidades ambientalistas.
Los ambientalistas argentinos en general valoran la
lucha de pobladores de Gualeguaychú, en la oriental provincial de Entre
Ríos, por haber puesto la cuestión ecológica sobre el tapete y obligado a
las autoridades a pronunciarse con su insistente movilización contra la
planta de celulosa que se levanta en la rivera opuesta del río que los
separa de Uruguay.
El estudio de la Defensoría, en el que participaron
especialistas de las universidades de Morón, Luján y de General Sarmiento,
pretende "generar un nuevo tipo de respuesta pública" elaborada entre el
Estado y la sociedad civil, a fin de tener una mirada más amplia del
problema que contribuya a encontrar soluciones sustentables.
Según el informe, "los metales pesados están
presentes en forma permanente en el río Reconquista en concentraciones que
exceden ampliamente los niveles de seguridad, con valores que van de dos a
160 veces, dependiendo del metal, lo que habla de una contaminación elevada
por efluentes industriales".
También alerta sobre los agroquímicos y pesticidas
organoclorados "altamente tóxicos" que están en el agua en valores entre 40
y 400 veces superiores a lo tolerable para la vida acuática.
Hay además una "cantidad elevada" de cloruros,
fosfatos, fenoles y compuestos de nitrógeno inorgánico, producto de las
aguas servidas domiciliarias y descargas industriales sin tratar que llegan
al curso fluvial, y bacterias coliformes. En la desembocadura, la polución
está tan extendida que los expertos comprobaron una total ausencia de
oxígeno.
Los técnicos especializados sostuvieron en el
informe que los tóxicos encontrados en las muestras de agua pueden provocar
cefaleas, alteraciones cutáneas, nauseas, vómitos y diarreas, pero también
hipertensión, alteraciones cardíacas, cáncer y fallas del sistema nervioso
central, entre otros múltiples males.
"No cabe duda de que existe un impacto ambiental
potencialmente adverso para la salud", concluye el estudio tras una profunda
indagación en este aspecto del problema, que es el que más conmovió a los
jueces del máximo tribunal cuando resolvieron tomar cartas en el caso del
Riachuelo.
Las industrias más contaminantes en la zona del río
Reconquista son las curtiembres, frigoríficos, químicas y agroquímicas, que
se distribuyen por los 1.600 kilómetros cuadrados que tiene la cuenca y
descargan 90 por ciento de sus efluentes sin tratar al curso de agua que se
ha vuelto pestilente, remarcó Mondino.
La Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas
demandó el año pasado al Estado nacional y al de la provincia de Buenos
Aires por la situación de la cuenca y pidió el cese inmediato de las
acciones de contaminación.
Los abogados, en representación de los vecinos,
reclamaron a la Corte Suprema de Justicia que se proceda igual que con la
cuenca del Riachuelo, a fin de exhortar a las autoridades a sanear sus
aguas.
El gobierno de la provincia de Buenos Aires, a
través de la Secretaría de Política Ambiental, puso en marcha en los años 90
una Unidad de Coordinación del Proyecto Río Reconquista, pero el organismo
sólo realiza obras de infraestructura, pues no tiene en marcha una política
ambiental, diferenció Mondino.
Una de las principales obras de la unidad fue la
construcción de un canal aliviador para contrarrestar los daños de las
inundaciones sobre los barrios. Pero desde entonces y cada vez que sube la
marea, los cauces artificiales distribuyen las aguas contaminadas del
Reconquista por toda la cuenca del Delta.
El Banco Interamericano de Desarrollo y la Agencia
de Cooperación Internacional de Japón habían financiado el proyecto de
construir el canal aliviador con casi 400 millones de dólares, pero el plan
contemplaba además la realización de obras de saneamiento del río
Reconquista que nunca se hicieron, explicó Nunziata.
En el informe de la Defensoría, tanto la Secretaría
como la Unidad de Coordinación admiten la gravedad del problema.
"La calidad del agua no es apta para la vida
acuática", admitió la secretaría refiriéndose al Reconquista, en tanto la
unidad sostuvo que el agua está "totalmente degradada por el aporte masivo
de la industria".
No obstante, aseguran que están en marcha planes
para el saneamiento que habría que evaluar al finalizar las obras, dentro de
20 años.
En conmemoración del Día Mundial del Agua, en 21 de
marzo, el Fondo Mundial para la Naturaleza lanzó un alerta sobre los 10 ríos
más contaminados del mundo, entre los cuales colocó el Riachuelo. Ahora, de
acuerdo a este informe, el Reconquista, podría quitarle el primer puesto en
Argentina.