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SALUD

Químicos tóxicos: el enemigo en casa

Los mismos productos que usamos para vivir mejor son los que contaminan el ambiente y nuestro cuerpo. Las consecuencias que depara la Revolución Industrial se hacen cada vez más visibles.

No hace falta vivir cerca de un incinerador de desechos tóxicos ni de un parque industrial. El aire, el agua, los alimentos y los productos de consumo masivo están llenos de sustancias químicas nocivas para la salud. En casa, por ejemplo, mercurio, plomo, dioxinas o pesticidas pueden formar parte de nuestra cena. Ni hablar de lo peligrosa que resulta la mezcla de lavandina con detergentes o amoníacos. Hasta los cosméticos de uso diario contienen sustancias poco dignas de confianza. Suena feo. Y hay que tener cuidado. A veces, la casa más limpia puede resultar la más tóxica.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los últimos 50 años, desarrollo industrial mediante, el hombre produjo 80 mil nuevas sustancias químicas. Son artificiales, ninguna existe en la naturaleza y solamente el 50 por ciento ha sido testeado para saber si son tóxicos para las personas. Metales pesados, compuestos organometálicos, contaminantes orgánicos persistentes (COPs) son parte de este atemorizante cóctel químico y se cuentan entre los más peligrosos. Cumplen varios requisitos: son bioacumulables en organismos de personas y animales; persistentes, pues permanecen en el ambiente durante largo tiempo sin degradarse; altamente tóxicos, aún en bajas concentraciones; y ubicuos, porque son capaces de viajar de un continente a otro por aire o agua.

Ni siquiera un recién nacido está libre de ellos. Hoy por hoy, los químicos tóxicos están presentes desde el momento de la concepción. Y también se transmiten a través de la placenta y la leche materna. ¿Las consecuencias? “Existe una serie de sustancias conocidas como Robadores Intelectuales: el PCB, el plomo y el mercurio, interfieren en el neurodesarrollo, la memoria, el aprendizaje, el coeficiente intelectual y el comportamiento. Los chicos pierden la capacidad intelectual”, explica Lilian Corra, médica pediatra y presidente de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente (AAMMA). Distintos tipos de cáncer, autismo, infertilidad, alteraciones en la concepción (abortos, nacimientos prematuros), alteraciones endocrinológicas, se cuentan entre los riesgos producidos por los tóxicos.

Los chicos corren mayor peligro, sobre todo hasta los cinco años. Aun en muy bajas concentraciones, sustancias como el plomo y el mercurio pueden causar daños irreparables en determinados momentos del desarrollo. “Por bioacumulación el mercurio se encuentra muchas veces en peces. Incluso el PCB ha llegado de alguna forma al Río de la Plata”, señala Daniela Rojo, licenciada en Ciencias Ambientales, de la Unidad de Sustancias y Productos Químicos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Pero el mundo doméstico encierra muchos otros peligros inesperados. Las pinturas de las paredes y las cañerías viejas pueden desprender plomo; los selladores y pastinas contienen PCB. Todo se libera en el interior de los ambientes.

“El mal uso de los productos de limpieza es preocupante” dice Rojo. Y sigue: “Muchas veces la gente los mezcla porque piensa que aumentan su eficacia, pero están potenciando ciertos químicos que pueden resultar tóxicos. Hay que ser cuidadosos con amoníacos, lavandina, cloros, insecticidas y detergentes. Esto también va al torrente de agua y a las cloacas.” La lista es interminable, hasta el desodorante tiene lo suyo: aluminio, sospechado como cancerígeno. Pero no es cuestión de entrar en pánico. Todo depende del nivel de exposición y de toxicidad en cada caso. El buen o mal uso puede hacer la diferencia.

“Hay que tener en cuenta lo que llamamos las buenas prácticas. Para eso hace falta que la gente tome conciencia de qué hay y cuáles son los riesgos y también se necesita educación para un eficiente manejo”, explica el ingeniero Lorenzo González Videla, coordinador de la Unidad de Sustancias y Productos Químicos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

Pero esta toma de conciencia es relativamente nueva. “Nuestros abuelos no tenían todos estos tóxicos en el cuerpo”, aclara Gonzáles Videla. Actualmente el mundo apunta los cañones a los COPs, un grupo de sustancias conformadas por 9 plaguicidas, PCBs, dioxinas y furanos (que se producen por la combustión de desechos y procesos de fabricación). Su alta toxicidad está probada y por eso el Convenio de Estocolmo, al que Argentina suscribió en mayo de 2001 y aún debe ratificar, dispone su reducción y eliminación.

“Estas son las sustancias que están dentro de los convenios, pero hay muchas otras dando vueltas. Seguramente en el corto plazo el Convenio de Estocolmo va a incorporar más sustancias tóxicas persistentes que no están reguladas por los convenios internacionales, -dice Gonzáles Videla-. Además tenemos que ver que las nuevas que se lancen al mercado para sustituir a estas tóxicas estén lo suficientemente probadas”. Las leyes que las prohíben ya existen, pero la venta ilegal es casi tan persistente como los tóxicos. Se espera que las disposiciones del Convenio de Estocolmo entren en vigencia en Argentina para mediados del año próximo. Entonces las industrias tendrán la obligación de reemplazar estas sustancias, aunque sea por otras más caras.

Por María Farber.

Fuente: Clarín (Argentina)
Diciembre 2004


 

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